El Osario de Seldec

Kutna Hora es una población de la República Checa situada a unos 70 kilómetros de Praga, la capital. Esta localidad floreció durante el siglo XIV gracias a los inmensos yacimientos de plata que se encontraron en las cercanías. En aquella época, la mayor parte de la plata utilizada en las monedas europeas procedía de aquí. Conforme el pueblo crecía, se fueron construyendo nuevas iglesias, y las antiguas se reparaban y expandían. Por ejemplo, una de las catedrales medievales más famosas, la Iglesia de Santa Bárbara (Kostel sv. Barbora) fue construida en este lugar con el dinero de los mineros de la zona.

En Sedlec, un barrio periférico de Kutna Hora, a unos 2 kilómetros del centro urbano, se hallaba una iglesia controlada por la orden cisterciense que en este periodo de riqueza fue ampliada con una nueva capilla. En realidad, los cistercienses de Sedlec no se estaban apuntando al "boom inmobiliario" local, sino que la necesitaban por razones prácticas. Estos curitas eran bastante listos y su abad había viajado a Palestina unas décadas antes, trayendo "tierra sagrada" del Gólgota, que esparció en el cementerio adyacente a la iglesia. Como consecuencia, y dado el fanatismo cristiano habitual, este cementerio se convirtió en uno de los más populares del continente. La gente viajaba cientos, a veces miles de kilómetros para enterrar aquí a sus muertos. Pensaban que al ser enterrados en "tierra sagrada", sus almas tendrían garantizado un lugar en el paraíso. Cuando la peste negra asoló Europa, la cifra de enterramientos comenzó a hacerse inmanejable. En 1318, por ejemplo, había más de 30.000 muertos enterrados en el cementerio. Así que construyeron el osario.

El osario está localizado en la capilla de Todos los Santos, edificada en torno al 1400, y si te fijas las típicas cruces en lo alto de las torres están sustituidas por el símbolo de la calavera y las tibias. El cementerio adyacente aún funciona en la actualidad. El osario propiamente dicho data de 1511, cuando a un monje medio ciego le encargaron recoger los restos de las tumbas abandonadas y ponerlos en la cripta para hacer sitio para los nuevos "clientes" (no hay que olvidar que por los entierros se paga, y más en un sitio con "tierra sagrada"). Así que los huesos se almacenaron hasta que a alguien se le ocurriese qué hacer con ellos.

En 1870, el Príncipe de Shwartzenberg contrató a un artesano local, Frantisek Rindt, para que decorara el interior de la capilla con los restos humanos conservados en la cripta. Entre otras aportaciones, el artesano llegó a realizar un escudo de la familia Shwartzenberg con los huesos.

El osario es real. Los huesos son reales. La sensación de muerte es real. Y la sensación de paz. Hay que destacar que no es la iglesia la que está hecha de huesos -como algunos parecen creer-, sino la decoración. ¿Os imagináis lo que dirían si se tratara de un templo luciferino...?
 

 

 


 
 

 

 

Artículo tomado de:
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